Editora LetraSelvagem

Literaura Brasileira

Os melhores escritores do Brasil

Ricardo Guilherme Dicke

Romance, Poesia, Ficção

Deus de Caim

Olga Savary

Nicodemos Sena

Edivaldo de Jesus Teixeira

Marcelo Ariel

Tratado dos Anjos Afogados

LetraSelvagem Letra Selvagem

Santana Pereira

Sant´Ana Pereira

Romance

Nicodemos Sena

Invenção de Onira

A Mulher, o Homem e o Cão

A Noite é dos Pássaros

Anima Animalista - Voz de Bichos Brasileiros

A Espera do Nunca mIas (uma saga amazônica)

O Homem Deserto Sob o Sol

Romancista

Literatura Amazonense

Literatura de Qualidade

Associação Cultural Letra Selvagem

youtube
Destaque Cadastre-se e receba por e-mail (Newsletter) as novidades, lançamentos e eventos da LetraSelvagem.
Lançamento do livro K - O escuro da semente

Críticas

Fonte maior
Fonte menor
Presentación "Sombras sobre la tierra"
Página publicada em: 13/01/2017
Leonardo Garet
O texto a seguir foi lido pelo importante escritor, professor e crítico uruguaio Leonardo Garet, por ocasião do lançamento do romance de seu compatriota Francisco Espínola, "Sombras sobre a terra", no Brasil. O evento aconteceu no dia 16 de novembro de 2016, na Casa das Rosas, São Paulo. Além de apontar as qualidades da obra e do autor Francisco Espínola, Garet ressaltou a importância da edição brasileira realizada pela LetraSelvagem. Confira, em espanhol.
Soy consciente del honor que significa participar de la primera traducción de Sombras sobre la tierra, como prologuista primero y ahora como integrante de este distinguido panel de presentación. Por eso debo agradecer a quienes hicieron posible este libro: Nicodemos Sena, Erorci Santana y Ronaldo Cagiano, los tres escritores, poetas, críticos, traductores, impulsores magníficos de la cultura. Y por supuesto  agradecer a LetraSelvagem, la editorial de nutrida y límpida trayectoria. Responsables también junto al escritor Roniwalter Jatobá, de mi presencia en San Pablo.
 
Traigo el saludo emocionado de Mercedes Espínola, la hija de Francisco, para Nicodemos Sena y su generoso emprendimiento.
 
Vaya en primer lugar mi declaración de conocimiento personal de Francisco Espínola. Lo veía cruzar en el imponente y vetusto edificio de la Facultad de Humanidades, con su figura inconfundible, de traje negro y aquella aura de su fama tan reconocida que parecía que se podía ver. Estoy hablando de 1969 y 1970. “Allá va Paco Espínola”. Y  recuerdo que siempre deteníamos la conversación y lo acompañábamos con la mirada. Éramos estudiantes que iniciábamos la licenciatura de Letras y pasaba la figura más destacada de nuestra literatura. En algunas oportunidades pude, en los meses siguientes, estar con él en reuniones literarias que organizaba en su apartamento la poeta Esther de Cáceres. Mantengo en la memoria los pasos textuales de un intercambio de opiniones sobre valorización de un poeta gauchesco, Romildo Risso, que no era del agrado de Espínola y a mí me parecía muy bueno. Con palabras tajantes mantuvimos por un momento la atención de todos los presentes, que no darían crédito a la audacia de ese muchachito.
 
André Bretón dijo que antes que el surrealismo fuera una doctrina estética en Europa, era una realidad de todos los días en México. Bretón nombró el lugar que conocía, pero se puede extender su afirmación a muchos rincones de América. Lo mismo que del surrealismo profuso, se puede decir del realismo mágico, extendido en varios países americanos antes de ingresar a  la narrativa. Otro rasgo que une a la mayoría de estos escritores es la creencia en un común destino de unidad política. Comenzando el camino hacia ella, la narrativa fue a comienzos del siglo XX de denuncia, dentro del más estricto realismo. Estamos en tiempos de la llamada novela de la tierra. Pero interesa subrayar que la fantasía no excluye la denuncia de la situación social, antes al contrario, pocas denuncias de la alienación producida por un sistema perverso, es tan contundente como la de la novela de ciencia ficción de Ray Bradbury Fahrenheit 451 (1953), con sus combate de los libros mediante mangueras de fuego.
 
En Latinoamérica el pasaje del realismo a la literatura fantástica se produce coincidentemente con el pasaje de la narrativa rural a la ciudadana. Quiero destacar que en Uruguay tenemos un ejemplo emblemático de cruce de caminos, que se llama Horacio Quiroga. Reconocido por su abordaje genuino de la realidad de la selva de Misiones, con obras tales como Los desterrados, Una bofetada, El desierto, es también el autor de obras no sólo ciudadanas sino de excluyente comportamientos citadinos tales como Los perseguidos, Historia de un amor turbio, Una estación de amor, y por último, de obras de exacerbada fantasía, como El infierno artificial, Más allá y Sinfonía heroica.
 
Cuando Francisco Espínola empieza a publicar sus cuentos, Raza ciega (1926), Quiroga ya era un cuentista reconocido en el ámbito del Río de la Plata y cuando publica Sombras, a Quiroga le restaba únicamente dar a conocer su último libro, Más allá. Quiere decir que Espínola tiene un referente cercano, si no para seguir su estética, al menos para tener cerca el valor de transitar distintos géneros y paisajes. Espínola tiene como Quiroga obra en los tres géneros de creación y también obras de campo y ciudadanas.
 
Pero voy a ir entrando en Sombras sobre la tierra. Enseña Mircea Eliade en su ya clásico El mito del eterno retorno, que las cosas y los actos humanos no tienen valor intrínseco y que solamente la participación en algo trascendente los hace reales. El sentimiento de los personajes de Sombras está soterrado, como de seres expulsados de la gracia – son del Bajo - sin una fe superior a ellos, ya sea religiosa o de una ideología política y social. Viven suspendidos en una atmósfera de trasnoches, diálogos confesionales y amoríos. Sin resoluciones contundentes son apenas “sombras sobre la tierra”. Espínola tenía en ese tiempo una reconocida creencia cristiana. Contesta así en un reportaje: “Tenía la angustia que se exterioriza desnudamente en Sombras, de que el hombre es bueno y que quien hace mal, no necesariamente es malo. Y este concepto, bastante evangélico, se me hizo presente en el alma” (Reportaje de Jorge Rufinelli, semanario Marcha, 1971).
 
En consecuencia se propone develar el Bajo, el paisaje que domina la novela y que se ubica en una ciudad pequeña, fácilmente reconocible como San José, distante cien kilómetros de Montevideo. Ese Bajo, no es otro que la calle de prostíbulos llamada Rincón, que continuó con ese carácter hasta la década del 80. Se propone develar ese mundo, pero para hacerlo primero debe velar, como el caballero que vela sus armas debe convertirse en espectador atento y escrutador todo el tiempo necesario hasta que ese mundo se vuelva palabra. Y entonces, parte  fundamental de la tarea del creador es encontrar el punto de vista. ¿Quién narra el comienzo de Sombras?  La voz es la de una perra que puede articular magistralmente la cercanía de los personajes, ya que entra a varias casas como si fueran la propia, describe lo que ve y a la vez, permite vislumbrar la armonía de esas personas que comparten la mascota. La voz de la perra puede pintar un desapasionado panorama de los estilos de vida y costumbres. Su presencia muestra un barrio de prostitución como si fuera una gran familia. Y como si fuera poco su importancia simbólica se acentúa con su nombre, “Milonga”, como si la música de tango y milonga, además del animal, uniera a todos los personajes. Milonga Milonguita, agrega la tristeza propia de las letras que se transcriben. Después, sobrevendrá el inevitable contraste –no enfrentamiento  porque se trata de capas todavía permeables- entre el centro y el Bajo, preanunciando la oposición dialéctica de los señores y los sin trabajo fijo “honorable”.
 
Sombras fue una revolución en la literatura uruguaya. El prestigio de su autor se consolidó tanto por su obra escrita, como por las clases en la facultad y por las intervenciones periodísticas. Dos libros, sin embargo, recibieron crítica negativa y menos aún alcanzaron a imponerse en los lectores. Me refiero a La fuga en el espejo (1937) de teatro que forzaba los límites del género y se ubicaba, además, como una obra que se catalogó y rechazó como de evasión y a Milón, o el ser del circo (1954), ensayo sobre estética, intrincado aún los entendidos en el tema.
 
Para completar su incursión por los géneros, me tocó en suerte, un tanto casualmente, descubrir unos poemas de Espínola, contemporáneos de su primer libro de cuentos, lo cual sirve para inscribirlo dentro del numeroso grupo de narradores que se iniciaron como poetas. Se trata de unas breves coplas tituladas Cantares aparecidas en la revista La Semana, de Salto, en el número correspondiente al año VII, el 23 julio de 1927. Leo estos dos cuartetos octosílabo y hexasílabo:
 
El cura rezó un momento
Y se fue; todos se iban…
Y yo me quería ir
Y mis pies no se movían!
   
*
 
¡Ay!, ya para mí
el sol no se asoma!
Desde que te quiero
estoy a tu sombra.
 
Para completar este aporte que está más allá de lo divulgado sobre Espínola, les cuento que su hija, Mercedes, me habló de un texto que descubrió bastante después de la muerte de su padre y que es un guión que había escrito para que fuera interpretado por Charles Chaplin.
 
Espínola es narrador y fueron sus cuentos de una trabajada y perfecta  estructura que curiosamente tuvo origen en la oralidad. Espínola antes de escribir solía contar sus cuentos a sus amigos. Han dicho sus compañeros de café – Espínola era un charlista insuperable, que brindaba cátedra no sólo en facultad sino en las reuniones -, que muchos cuentos quedaron sin escribirse, así como quedó sin concluirse una novela que le llevó varios años, Don Juan el zorro, finalmente ordenada por el crítico Wilfredo Penco, que la publicó póstumamente.
Hay cuentos de Espínola que tendrían que estar en la mejor antología del género: ¡Qué lástima!, Rodríguez, El milagro del hermano Simplicio, El Hombre pálido y María del Carmen.
 
Se puede establecer una curiosa relación entre los razonamientos que se hacen en Sombras sobre los efectos espirituales del alcohol y la parte central y luminosa de ¡Qué lástima! La fama de Espínola creció sin fisuras en nuestro país, sin detractores. La Generación del 45, la siguiente de la suya, que fue por unanimidad parricida, reconoció en él  un maestro.
 
Espínola está tanto en antologías del cuento realista como del cuento fantástico. De inmejorable manera lo dijo el sagaz crítico Mario Benedetti: "Al igual que esos ufanos barriletes que pueblan los cielos de nuestra primavera, la fantasía de Espínola tiene un cabo en la tierra, pero su razón de ser está en el aire". ("Francisco Espínola: el cuento como arte", en Literatura uruguaya del siglo XX, Montevideo, Ed. Alfa, 1963.)
 
El mayor reconocimiento se realizó en 1988 cuando el "Homenaje Nacional a Francisco Espínola"  en su ciudad  San José, los días 21 y 28 de noviembre de 1988, organizado por el Ministerio de Educación y Cultura, la Universidad de la República y la Intendencia Municipal de San José. En la oportunidad prticipé con la ponencia “Francisco Espínola: la escondida forma del ser".
 
La unanimidad del reconocimiento, que se afirma en los programas de estudio de la enseñanza secundaria de Uruguay, se contrapone con el desconocimiento que le viene desde el exterior, como lo señalo en el prólogo de Sombras. Por eso se vuelve tanto más valiosa esta traducción de Erorci Santana para la pujante editorial LetraSelvajem  que permite a Espínola llegar a Brasil y al idioma de Fernando Pessoa, de Guimaraens Rosa y de Clarice Lispector. Nombro a los tres autores de la lengua portuguesa que figuran en los programas de estudio de la Enseñanza Secundaria de Uruguay.
 
Quiero terminar relacionando Sombras con la obra de alguien que está entre nosotros. La novela A espera do nunca mais, de Nicodemos Sena, funda su trama en la Amazonia real y mítica, de la cual su autor tiene un conocimiento equivalente al de Espínola del Bajo. Amazonia estudiada desde distintos campos por Fábio Lucas en su atrapante libro Peregrinacoes amazónicas y que en Nicodemos Sena se manifiesta con una limpieza y pujanza como los ríos que la surcan. En el final de A espera do nunca mais cuando cabe esperar una inminente catástrofe, el autor saca esperanzas para concluir con una maestra que imagina inculcar sueños a sus alumnos para que ellos no habiten como sus padres en A espera do nunca mais. La conclusión es similar. Nicodemos extiende una mirada piadosa al destino de sus criaturas y su mundo, como hace Espínola con las suyas del Bajo.
 
Gracias a Espínola, a Nicodemos y a  quienes en este difícil momento que respiramos  luchan por mantener la dignidad del ser humano. Gracias a todos ustedes que nos acompañan en este acto de inocultable importancia para la literatura de mi país.
 
Casa Das Rosas, San Pablo, 16 de noviembre de 2016.
 
_____________________
* Leonardo Garet é docente de educación secundaria desde 1972 a 2008, de los liceos privados Colegio y Liceo Carlos Vaz Ferreira y Colegio y Liceo Nuestra Señora del Carmen de Salto; así como profesor del Instituto de Estudios Superiores y del Instituto de Filosofía Ciencias y Letras de Montevideo. Poeta, narrador, crítico literario y gestor cultural. Es autor de varios libros publicados en Uruguay y el extranjero, entre outros, 80 Noches y un sueño y El libro de los juicidas 

Faça seu comentário, dê sua opnião!

Imprimir
Voltar
Página Inicial

Autores Selvagens

Autor

» Hernâni Donato

Hernâni Donato já foi chamado de "o homem dos sete instrumentos". Isto porque, aos 89 anos de idade, membro da Academia Paulista de Letras, é autor de mais de 70 livros, nos mais variados campos da atividade humana, indo da literatura infanto-juvenil à biografia, da historiografia aos costumes, da pesquisa à divulgação científica. Entre as numerosas traduções que realizou, destaca-se a da "Divina Comédia", de Dante Alighieri, em prosa e para divulgação entre o povo. Mas foi no romance que se deu a perfeita combinação do observador minucioso, na linha do cientista social, com o escritor de estilo claro e elegante. É o autor de "Selva Trágica", "Chão Bruto", "Rio do Tempo", "O Caçador de Esmeraldas" e "Filhos do Destino", sucessos editoriais nas décadas de 1950 e 60. Alguns críticos, como Abdias Lima (“Correio do Ceará”, 2/2/1977, Fortaleza, CE), aproximaram Hernâni Donato de Erskine Caldwell e John Steinbeck, a geração norte-americana da revolta, o Caldwell de "Chão Trágico" e o Steinbeck de "As Vinhas da Ira".

Colunas e textos Selvagens

© 2008 Associação Cultural LetraSelvagem - Todos os Direitos Reservados.